Magical Mystery Tour a Matanzas (+Video)

27 abril, 2012


En 1966 los Beatles decidieron hacer un experimento cinematográfico. Alquilaron un ómnibus, lo llenaron de artistas y salieron a recorrer el Reino Unido de la Gran Bretaña. Debieron pasar muchas cosas interesantes, pero lamentablemente no fue así… quizás por la famosa flema inglesa o porque no se te puede ocurrir hacer un proyecto de este tipo cuando eres superfamoso y la gente te va a agobiar donde quiera que te vea.

Lo cierto es que de la aventura apenas quedó una película denigrada por la crítica y un disco doble llamados ambos Magical Mystery Tour.

Muchos años después ocho herederos de aquella fiebre beatlemaniáca de los 60 deciden continuar aquel proyecto. En esta ocasión la convocatoria para el mágico y misterioso viaje es un encuentro de blogueros en Matanzas, en el occidente de Cuba. La brumosa campiña británica es sustituida por la colorida carreretra central cubana. Con sus pueblitos arrimados al asfalto, sus postales costumbristas campesinas y sus revendedores de alimentos y souvenires.

Los protagonistas de esta historia no son artistas, aunque vistos en conjunto bien pudieran formar un circo. Está El Chino, que ganará en protagonismo con las horas, Adys, garante de los alimentos, Karina gran conocedora de los planes de desarrollo turístico del país, Luis Ernesto, entusiasta y conocedor de la identidad y los números telefónicos de gente importante, @Laguantanamera, celosa de su identidad digital, Arnoldo, callado y meditabundo, Maricela, con sonrisa a flor de labios y por supuesto yo, que me pasé todo el viaje luchando por no marearme y no hacer un papelazo.

Ah, por supuesto, también estaban el chofer y su compañera que después de luchar contra el sueño durante 28 horas seguidas, al final del viaje no podía conciliar el sueño.

El tour comenzó en la montañosa Santiago de Cuba. Allá llegó nuestro ómnibus casi sin aliento, como anunciando las múltiples peripecias del viaje. La primera mala noticia fue saber que la gasolina del viaje había que “montearla” de provincia en provincia y apareció la mediática figura de Pedrito, quien continuamente llamaba al celular, aunque El Chino nunca le pudo responder, porque el de él solo servía para alumbrar y despertarlo por las mañanas.

Después fue el primer choque con la autoridad. Nuestro aguerrido conductor entró a Las Tunas con las ruedas izquierdas. Atravesó muy campante el centro de la ciudad en el sentido contrario la calle. Frente al policía todo el mundo puso cara de bobo y se hizo el sueco, aún cuando había una señal roja en cada esquina, nos avisaron tres personas y el chofer se guiaba por un mapa que le costó 12 dólares.

Con el miedo de extraviarnos otra vez entramos a Camagüey, una ciudad de muchas callejas y caminos sinuosos. Para ese entonces todo el mundo había confesado su desamparo tecnológico. Para contrarrestar el empuje de laptops y Ipods habanero contábamos con cuatro celulares, aunque el de El Chino, repito, no recibe señal.

También llevábamos una memoria de música y dos relojes digitales, pero uno estaba atrasado. De todas formas estábamos felices de ir todos juntos, apretujados y escuchando a Los Beatles. Llovía y en la carretera había carteles como “Tramo peligroso a 200 metros” “Maneje con cuidado, zona de accidentes” y yo pensé – A quién se le ocurre poner una zona de accidentes dentro de una carretera.

En la ciudad de Camagüey no nos perdimos, más bien encontramos a gente que conocíamos, aunque hallar un baño fue una verdadera proeza.

Ya de noche y con cierto escozor en el estómago salimos de la aburrida llanura camagüeyana. A partir de ese momento los viajeros experimentaron ciertos cambios en su actitud, algo común en la personalidad de viajeros famosos como Marco Polo, Cristóbal Colón y Chicho, que viaja mucho de Santiago a Camagüey con maletines sospechosos. La gente fue más callada y se concentró en escrutar la vista cansada del chofer y la velocidad de sus reacciones. Cuando la muerte acecha, el viajero se torna reflexivo y ve en el camino una parábola, una metáfora de la vida, hasta que le dan ganas de orinar y necesita hacer una parada técnica en la carretera.

La carretera, por cierto, ya estaba completamente oscura cuando de entre las malezas salió una luz, que no era la que ven los muertos cuando llegan al final del camino. Era un agente del orden público que decidió repasar la ley 89 con nuestro chofer, quien al responder postivamente a todas las preguntas se ganó una multa de 30 pesos por llevar una falta de ortografía en la chapa… creo.

Unos pocos kilómetros más adelante, cuando nos reíamos de los minutos de tensión anteriores la goma trasera izquierda de nuestro ómnibus decidió poncharse. Llevábamos 20 horas de viaje y no habíamos cenado, pero ya no nos importaba, qué otra cosa podía pasarnos? Pero la suerte estaba de nuestro lado—aunque ustedes no lo crean—y nuestro aguerrrido chofer llevaba una goma de repuesto. Presuroso El Chino—les dije que sería importante—encendió su celular y alumbró toda la operación, ejecutada con precisión quirúrgica por el conductor devenido ahora en mecánico.

Alguien se lamentó de todo lo que habíamos pasado y quisieron atribuirle los males al hecho de llevar a un reprsentante de la raza asiática en la parte de atrás del ómnibus. Ya saben, no es de buena suerte llevar un chino atrás. Pero decidimos no dejar abandonado a El Chino, después de todo no podría comunicarse con nadie para pedir ayuda puesto que su celular solo servía como linterna y despertador.

Recuperados del incidente que creíamos final, de pronto nos vimos deambulando por caminos oscuros y carreteras polvorientas. El mapa de nuestro chofer, aunque le había costado 12 dólares parecía no tener respuestas pasra nuestras ya desesperadas preguntas. Pero como habíamos cambiado a El Chino de lugar pronto enrumbamos con acierto y cerca de las cinco y media de la mañana estábamos llegando a la ciudad de los puentes, la Atenas de Cuba, Matanzas, más conocida como el lugar donde está Varadero.

Después de nuestro Mágico y Misterioso Tour no sé si nos permitan grabar algún disco o estrenar un documental, pero al menos sacamos tres conclusiones:

1-    El Chino pagó alrededor de 40 dólares por una linterna despertador

2-    Que un mapa cueste 12 dólares no significa que sea mejor que google Earth o el sentido común de preguntarle a alguien

3-    El buen humor hace que los momentos más difíciles sean también los más felices.

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2 Responses to “Magical Mystery Tour a Matanzas (+Video)”

  1. arnoldo Says:

    Me encanta socio esta crónica de viajes, en verdad tiene todo lo necesario para ser considerada literatura……Abrazos desde la Cuba profunda a orillas de un río que bañó el cuerpo del más universal de los cubanos.

    • JAFES Says:

      Gracias por tus elogios. Te confieso que desde hace un buen tiempo he estado confundido entre las fronteras que supuestamente separan al periodismo de la literatura.

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