El circo

23 marzo, 2012


Nunca me gustó el circo. No se me antojaba divertido ver a gente saltando y volando por las aires, a otro tragándose unas espadas o fuego, o tener que aguantar que un tipo con un látigo y una pistola escondida en la faja, entrara a la jaula de un león muerto de hambre (que no quiere decir hambriento) para hacerlo saltar, ridículamente, por un aro. A mí me interesan otros circos, los que podemos encontrarnos a diario en determinados establecimientos, por ejemplo.

El circo surgió en Roma. En aquel entonces la gente, para liberar el estrés de tantas conquistas, asesinatos e infidelidades, iba al circo a ver despedazar gente por leones o pedirle que les cortaran la cabeza a los gladiadores. Pan y circo, dijo Julio César, y años después los romanos desaparecieron por enfermedades asociadas al sedentarismo y el sobrepeso.

El circo siguió evolucionando y hoy en día se considera de mal gusto e inhumano matar a las personas o maltratarlas en un espectáculo de circo, por eso lo hacen con los animales, que no pueden decir nada para defenderse, también con los asiáticos y los rusos.

Entre los circos famosos de la actualidad está el Circo del Sol, que a pesar de tener el nombre en francés, es canadiense, porque los canadienses todavía no saben si fueron conquistados por los franceses o los ingleses, lo cual parece tener mucha importancia para ellos.

El Circo del Sol es el espectáculo más caro, rutilante y aburrido, de este arte en la contemporaneidad. Entra un hombre disfrazado de desnudo (entiéndase una lycra bien ajustada) y comienza a danzar como un bailarín, finalmente da una voltereta  y se para sobre las manos. Entonces se enciende un cartelito que dice APLAUSOS y la gente aplaude y el Circo del Sol se confirma como un “revolucionador de este arte”.Qquizás yo pueda presentarme con el famoso acto de mover las orejas.

En Cuba fueron famosos los circos ambulantes, que generalmente tenían una mujer que sabía bailar rumba, el hombre más fuerte del mundo, un mago, que en sus ratos libres asaltaba a viejas solteronas, y el anunciante o maestro de  ceremonias. También estaba el payaso, aunque a ese lo podían encontrar en cualquier lugar.

Cuentan que en cierto pueblito olvidado de la geografía de esta Isla, se presentó uno de esos circos ambulantes. En el espectáculo nocturno, los jóvenes de la comarca, que al parecer no se divertían con lo que veían, amarraron unos caballos a los postes de la carpa y los azuzaron en medio del espectáculo. Se armó tremenda corredera y tremenda gritería, pero al día siguiente la gente volvió a la función pidiendo que repitieran el acto en el que la carpa se caía.

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One Response to “El circo”


  1. jajaja y ahora te gusta o no el circo????

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