Barberías

4 marzo, 2012


Siempre me pregunté por qué los barberos se visten como los médicos. Algo de lo antiguo de este oficio queda en las barberías de hoy, donde no se sacan muelas ni se practican sangrías pero el cliente se sienta en el sillón y se entrega con humildad a las inquietas manos del barbero. Quizás los albañiles del cabello también hagan su juramento hipocrático, en el que se prohíbe hablar de cabezas sucias, canas teñidas o calvicies disimuladas.
La barbería es el imperio de los hombres. Casi siempre se empieza a hablar del estado del tiempo, la mujer de Antonio, lo bien que va el equipo de béisbol y lo mal que van otras cosas.
Todas huelen a pretendiente que va a visitar su novia los domingos.
La barbería está llena de espejos en los que es difícil mirarse, de un barbero chismoso y de otro que es guapo. Del padre que lleva al niño a pelarse y así descansar de la esposa y del viejo silencioso que mira y sonríe como si supiera lo que viene, pero en realidad es que no escucha muy bien lo que están diciendo.
El barbero se ha llenado de tantos equipos que parece un mecánico cuando se acerca a la cabeza del cliente, pero algunos conservan ese aire de escultor de pelo que mueve nerviosamente las tijeras mientras gira alrededor de uno como una tía insistente que quiere ponerle el velo a la novia.
Hay barberías de barrio, que suelen recoger las confesiones de los viejos que toman PPG y los jóvenes que nunca han besado a una mujer. Y están las del centro de la ciudad, que parecen fábricas de pelo o laboratorios para desinfectar equipos médicos.
En estos tiempos tan agitados ir a una barbería es tomarse un tiempo y dejar que la vida pase mientras leemos en la prensa la crónica del juego de anoche o nos actualizamos del mercado femenino del barrio. Pero también están los que huyen del barbero, o los que van al recinto como si las tijeras y el talco pudieran arreglar ciertas cosas que la naturaleza creó por error… o por sabiduría.
Casi nunca el niño dice que cuando crezca será barbero, será porque es una profesión que te sorprende cuando no tienes vocación por nada o tienes que hacer algo para que en la casa te dejen en paz. Dice un viejo amigo, que el de barbero, es un oficio de perezosos, pero yo veo que siempre tienen trabajo.

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2 Responses to “Barberías”

  1. George Rosales Curbelo Says:

    Bien vale la pena hacer una cronica de los barberos. Que no son perezosos y tienen muchas historias que contar, algunos exageran (hasta en el precio) pero ¿Qué sería de nuestras calles sin ellos?

  2. alejo3399 Says:

    ya quisiéramos nosotros ganar lo que gana un barbero…

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