Confesiones deportivas

17 octubre, 2011


Cuando yo estudiaba en la primaria, los más flacos y bajitos integrábamos el equipo de ajedrez de la escuela. Yo hubiera preferido corretear por toda el área deportiva en las clases de educación física, y jugar a la pelota “a la mano” y al fútbol y al cogío…. Pero la profe dijo que donde yo prometía era en el ajedrez, quizás para no dañar mi autoestima.

El espíritu deportivo que había en mí, sin embargo no decayó y durante años testarudamente integré equipos de barrios de volibol, pelota, fútbol, baloncesto, judo, kárate, aunque siempre al equipo que me escogía le daban un punto de ventaja.

Al ajedrez no volví… hasta que cierto lluvioso día, durante los Juegos Deportivos Universitarios de la Universidad de Oriente, me vi frente a un tablero de ajedrez… ¿la razón? debía asumir el primer tablero porque no había nadie más y como mi rival no llegaba, mi facultad (la última en la tabla de posiciones) tenía amplias posibilidades de sumar unos puntos vitales.

El reloj caminaba a mi juicio demasiado despacio, pero afuera arreciaba la lluvia y yo preparaba la manera en que narraría después a mis hijos mi hazaña como ajedrecista de marca mayor. De pronto un bólido presuroso entró a la habitación se sentó frente a mi, movió una pieza y asestó un golpe descomunal al reloj. Era el primer tablero contrincante, para más señas, en quinto año de matemática cibernética, dos veces campeón de los juegos y aspirante al título de experto nacional, lo que puede parecer poco, pero lo colocaba a años luz de distancia de mí. Lamentablemente aquel día mi facultad no pudo sumar muchos puntos, al menos no los del ajedrez.

Pero mi paso por los eventos múltiples deportivos no se limitó al ajedrez. Yo estudiaba en la Facultad de Humanidades de la Universidad de oriente en Santiago de Cuba. En ella los equipos femeninos eran muy fuertes, pero los masculinos, digamos que no siempre aportaban lo mejor. La razón estaba en la baja matrícula de varones en las especialidades humanísticas, quienes debían competir en casi todas las especialidades, con el consecuente papelazo que ello implicaba.

Sin embargo en mi generación se escribieron hitos históricos del deporte universitario para la facultad de Humanidades: en el béisbol por primera vez se marcó una carrera en un juego, en el fútbol no se perdió por goleada y nadie salió lesionado, se protagonizó la pelea de taekwando más corta de la historia de este deporte y cierto deportista demoró alrededor de cuatro horas en recorrer 50 metros en el estilo libre de la natación.

Sobre este hecho vale destacar que el atleta recibió ayuda. Al llamar a los competidores el personaje se apareció con una estampa y decisión que nos recordó a Ian Thorpe en sus mejores años. En la posición de arrancada nos lanzó una mirada de confianza que nos hizo pensar en una histórica victoria. Después se lanzó y se sumergió en las profundas aguas de la piscina olímpica. Al ver que demoraba algunos se preocuparon, pero otros esperábamos verlo aparecer quizás en la mitad del estanque al frente de la competencia.

Sorpresivamente nuestro amigo emergió a escasos 10 centímetros de la posición de arrancada y torpemente empezó a avanzar. Cerca de la mitad de la mitad de la piscina se detuvo y se arrimó a una de las sogas que limitaba los carriles, desde allí comenzó a hacernos señas desesperadas para que lo rescatáramos. Tres se lanzaron valientemente… y después otros tres para tratar de rescatar a los cuatro que se agitaban en el agua. Además de la descalificación y la burla de todos, se supo que en la Facultad muy pocos sabían nadar.

Sin embargo en nuestro último año de carrera universitaria logramos incluirnos entre los tres primeros. Sobre todo porque en los Juegos comenzaron a otorgar puntos por las iniciativas y el apoyo del público en las instalaciones. Mi espíritu deportivo salió ileso de esta etapa, en la que si bien no gané ninguna medalla aprendí a disfrutar las de los demás como si fueran mías… una buena costumbre que aún conservo.

Enlaces relacionados:

Confesiones de un pelotero que nunca fue

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3 Responses to “Confesiones deportivas”

  1. alejo3399 Says:

    asere no hagas estos cuentos en público, te faltó el badmimgton y el incidente del juego de kikingball…. y claro el del chino con el pequeño efebo cinta negra¡.

    • JAFES Says:

      realmente esperaba mantener clasificados esos sucesos pero teniendo en cuenta que ya los hiciste públicos vendrá un nuevo post sobre nuestro paso por las artes marciales…

  2. Henry Says:

    Yo también fui malo en los deportes,en el ajedréz no le gano ni a mi niño que tiene cuatro años,y para colmo no me gusta el béisbol.

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