Carteles

15 septiembre, 2011


Un cartel es un grito de tinta en la calle…o de neón. Todos quieren llamar la atención, pero no hay un paisaje más aburrido que una ciudad llena de carteles.

Hacer carteles es inherente al hombre. Antes eran dibujos de bisontes y mamuts en una cueva… hoy, escandalosos anuncios de casinos o pueriles informaciones de hospitales.

En Cuba ha habido hasta guerra de carteles. La inventaron en los años veinte y treinta del siglo pasado y después se incluyó dentro de nuestra tradición. Hay hasta empresas dedicadas exclusivamente a hacer carteles.

Ciertas personas se dedican a hacer carteles en paredes, transportes y árboles que no dicen nada útil, ni interesante, por eso propongo que se abra una licenciatura en cartelogía, para evitar que tantos aficionados anden afeando la ciudad.

Hay carteles con informaciones importantes, como los que anuncian a qué sexo corresponde cada baño. Sin embargo los que más abundan son los que tienen complejo de maestra de primaria. Generalmente comienzan con la palabra NO y son muy cortos, de hecho, algunos se limitan a decir que NO: NO moleste, NO hay, NO pase, No pise el césped. Llegará el día en que no podamos hacer nada, habrá un cartel que prohíba hasta morirse.

También hay carteles muy respetuosos: Por favor haga silencio; y otros muy misteriosos (Déjalo en la casa de al lado).

Lo peor que puede tener un cartel es una falta de ortografía. Hay carteles que tienen faltas tan grandes que terminan siendo un acto delictivo, pero generalmente nadie va a la cárcel por eso… hasta ahora.

En ocasiones un cartel puede llevar a las personas a hacer lo contrario que sugiere. Ello explicaría por qué mucha gente fuma en los ómnibus, bota la basura en cualquier lugar o se pierde en las ciudades. Se trata de un problema de comunicación… de no ser así  puede que las personas no sepan leer. Por eso quien no cumple con lo que dicen los carteles termina siendo un ignorante.

En el futuro, cuando ya no estemos aquí, nuestros descendientes, o los extraterrestres que nos conquisten, conocerán de nosotros por lo que dejamos escritos en los carteles. Pensarán, por ejemplo,  que los perros son depredadores muy peligrosos (cuidado hay perro), o que teníamos un alto índice de estupidez (toque la puerta si no contestan), o que nos pasábamos todo el tiempo festejando (feliz año nuevo, feliz aniversario, feliz…).

Últimamente prosperan carteles en cafeterías, paladares (restaurantes privados), bicitaxis (medio de transporte) y hasta prendas de vestir. La mayoría cumple con su función: llamar la atención, aunque muchas veces uno se arrepienta de haberlos leído.

También hay quienes hacen cosas solo para que les pongan un cartelito… y después no hay quién se los quite, pero esos con el tiempo nadie los nota, como ocurre con los carteles que se ponen viejos, o no dicen nada útil.

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