Economía y fiestas de quince

10 septiembre, 2011


Uno de los sectores más fuertes de la industria del ocio en Cuba es el de las fiestas de Quince, en las que se presenta a la señorita a la Sociedad.

Alrededor de la celebración prosperan coreógrafos, diseñadores, vestuaristas, maquilladores, músicos, fotógrafos, cámaras, chóferes, locutores de voz engolada, cantantes mediocres, chaperonas, reposteros… en fin todo aquel que posea un talento para satisfacer las demandas, necesarias y en ocasiones exageradas, de esta tradicional festividad.

La fiesta de quince años, en la que se presenta a la señorita a la Sociedad, aunque a la Sociedad no le interese conocerla, posee un fuerte peso en los procesos económicos de la Isla y al mismo tiempo ayuda a comprender ciertas paradojas que se manifiestan dentro de este entramado.

Una de las dudas que despeja es respecto al exceso de dinero circulante. De buenas a primeras la familia ha encontrado el presupuesto necesario para alquilar un lujoso hotel y trajes brillantes que parecen paneles fotovoltaicos; carros, bailarines, equipos de sonido… en fin, todo lo necesario para que todo el pueblo sepa que se celebran los quinces de la niña y los vecinos no puedan dormir.

La fuente de estos dineros es variada y aún no me ha sido posible determinarla en toda su magnitud. Hay quienes echan el primer peso a la alcancía de la niña cuando esta aún no ha cumplido su primer año de vida y ni siquiera se sabe si valdrá la pena celebrarle los quince cuando los cumpla. Ello explica la famosa frase de: nunca tuvo quince.

También se apela al pariente en el extranjero, que aunque no podrá asistir a la fiesta se asegura su momento cuando se hace un silencio de velorio en la fiesta para entregarle a la adolescente el regalo que le envío el tío de afuera, el cual generalmente no le sirve a la cumpleañera, pero eso no es tan importante.

Los Quinces también impulsan el desarrollo del comercio, la artesanía y la industria textil, no solo porque se ameriten las manufacturas de estas actividades, sino porque también hay madres devotas que se ven en la obligación de dedicarse a tales oficios para completar el dinerito necesario de la fiesta.

Sabido es que en estas celebraciones quien menos se divierte es la agasajada. Algunas disfrutan su papel de búcaro de vitrina pavoneándose por todo el salón, pero las hay que incluso en las fotos salen con cara de sáquenme de aquí.

Pero el suplicio ya se extiende a los invitados y todo por la moda.

Hay quienes confunden el agapito (entiéndase fiesta eh) con el Halloween norteamericano, y con semejantes disfraces se dificulta mucho bailar y hacer las otras cosas normales de una fiesta. Eso es cuando existe el interés por bailar, porque la mayoría de las personas hoy en día van a las fiestas a posar para las fotos de facebook, compartir herramientas de los celulares o escuchar lo que traen en el mp4, mientras un Djs de mal gusto se desgalilla invitando a formar parejas.

Pero este tema amerita un estudio más profundo, que compartiremos en próximas actualziaciones.

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One Response to “Economía y fiestas de quince”

  1. alejo3399 Says:

    evidioso seguro tú querías una fiesta y fotos igual que tu hermana…na ya en serio, en talla, no sé si en las Tunas se use aquello de los 15 coches de caballos, tremenda guanajería, yo me gastaría ese dinero, no sé, quizás en una pila de pizzas o algo así.

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