En la órbita de un ventilador

12 agosto, 2011


Me entero recién que a partir de ahora todos los viajes espaciales tendrán que realizarse en las viejas, toscas y seguras naves Soyuz rusas. A los rusos la Humanidad les debe mucho. Desde la invención de la vodka hasta el invierno ruso, que venció a Napoleón y luego a Hitler. De hecho, nadie ha podido contra el invierno ruso, ¿por qué a nadie se le ha ocurrido atacarlos en verano?

Más allá de las Soyuz, los cubanos bien sabemos que los rusos construyen para la eternidad. Las lavadoras Aurikas, los Moskovich, los motores Urales, los relojes Poljov, los muñequitos y muy especialmente los ventiladores Órbita.

Los ventiladores Órbita son un caso especial de adaptación y supervivencia. Se dice que solo ellos y las cucarachas pueden sobrevivir a una explosión nuclear. Llegaron en la década de los setenta del siglo pasado, y todavía están ahí, ordeñando aire fresco del sofocante calor del verano cubano.

El Órbita ha estado presente en casi todos los grandes momentos de la familia cubana. Fueron regalo de bodas, compañero de beca, confidente de oficina, secador de pisos, espantó las moscas y bichos de la cuna del bebé. Su motor ayudó al abuelo cuando quiso montar un negocito para amolar tijeras y cuchillos.

Alrededor de su imagen se han tejido leyendas y mitos. Hay quien cuenta que una vez cayó un rayo en el poste de corriente de enfrente de la casa y solo él, sobrevivió a la descarga. Otro me dice que cierto día lo tiró sin querer de la mesa de noche, y sin advertirlo siguió durmiendo. Al despertarse lo levantó del suelo donde convulsionaba…y feliz volvió a mover sus aspas como si nada hubiera pasado.

Un amigo me asegura que lo mantuvo encendido durante una semana, SIN APAGARLO NUNCA, y ni siquiera se calentó. No fue un Récord Guinnes porque se trataba de un ventilador Órbita ruso. Otro, que lo colocó sobre una base de metal, me aseguró que debido a las vibraciones recorría toda la casa, regalando su fresco a toda la familia.

Pero como el hombre, y la mujer, son los seres más malagradecidos que existen sobre la Tierra, me veo obligado a denunciar hechos vandálicos contra nuestros fieles y vetustos Órbita . En los años difíciles los despojamos de muchas de sus piezas, y cuando a fuerza de golpes y uso excesivo comenzó a perder su brillo, los tratamos con desprecio y les colocamos alambres y piezas de madera y plástico malo, que los hacen lucir como Frankesteines electrodomésticos. Ello ha obligado al ventiladorcito a tomar medidas de defensa. Más de un abusador ha llegado al hospital con un dedo  mordido por un Órbita  furioso.

En algunos lugares le han dado motes como León pelao (En Las Tunas) o Mosquito (Algunas zonas de Holguín), sin embargo lo que si me atrevo a aseguras es que  más que ruso, quienes seguro ni se acuerdan de ellos, ya es cubano.

Es hora de reivindicarlo y pienso quizás en una escultura monumental, dedicarle un día, un concurso donde los niños le pinten, investigaciones sociológicas y científicas, porque a lo mejor todavía tiene potencialidades en la energía, la industria armamentista o la conquista del espacio. ¿Quién sabe? Recuerde que se trata de un ventilador Órbita.

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