Veraneando

12 julio, 2011


No es que en el verano haya más calor que en otras épocas del año, sino que está de moda pasar calor. No son los termómetros, sino las vidrieras de las tiendas y los anuncios de la TV los que anuncian que ha llegado la hora de veranear.

Se sabe que en Cuba llegó el verano porque aumentan las ventas de helados y refrescos instantáneos (instantáneamente que lo tomas decides que no lo vas a tomar más), las campañas de enfermedades diarreicas y la repetición de las series y películas del año pasado.

En Cuba se puede ir a la playa  todo el año. El frío es un eufemismo que han traído los escritores malos de la vanguardia que quieren parecer bohemios y vestirse a la francesa. Aquí en Cuba siempre hace calor.

Pero no es hasta julio que se puede hablar de verano y de calores insoportables. Es una ley que no está escrita en ningún lado, y nadie quiere parecer idiota diciendo que realmente el verano empieza el 21 de junio, que es cuando ocurre el solsticio. De hecho esa palabra es muy difícil de escribir y mucho más de entender. Sobre todo para los niños, que son los principales promotores del verano, que ellos inocentemente llaman vacaciones.

En el verano los meteorólogos están más tensos que cuando tienen que predecir la entrada de un ciclón. La gente se sienta frente al televisor a ver el parte del tiempo y a protestar porque las máximas resultan ser muy mínimas, sobre todo cuando ese mediodía se podía freír un huevo a la sombra, del calor y el sol que había.

Dicen que tan altas temperaturas se deben al cambio climático, que se produce por quemar mucho petróleo para producir la corriente que se necesita en el verano, cuando el consumo aumenta por las altas temperaturas. Es por eso que yo digo que el cambio climático es natural… que ocurra.

El verano tiene en Cuba la particularidad de hacer que el tiempo se estire, como si fuera una melcocha que se derrite por el calor. Papeleos, proyectos, decisiones, se van postergando de semana en semana, hasta que finalmente llega septiembre, cuando tampoco se puede hacer mucho por las lluvias, los carnavales y los ciclones.

En el verano las tardes son aburridas y largas. Un ejército de chiquillos bulliciosos inunda las calles, mortificando a los viejos que a pesar de la edad salen semidesnudos “a coger un poco de fresco” y hablar mal de la juventud. Peor es cuando lo hacen en la playa, pero eso es tema para otro momento.

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