Reir sin encasillarse

23 mayo, 2011


   Con el espectáculo Hablando bajito… Kike Quiñones y el grupo Pagola la paga, emprendieron su gira nacional con la muestra de su trabajo actual, que bien pudiera adoptarse como referencia para los derroteros actuales del humor cubano.
La puesta en escena fue fiel a los elementos expresivos que distinguen el estilo de estos dos exponentes de la actualidad del género en Cuba: criollismo en las temáticas y números musicales, preocupación por la proyección escénica, diálogos y monólogos alejados de la chabacanería y el mal gusto.
Sin embargo, es evidente la inconstancia del guión general del espectáculo y la recurrencia a lugares comunes en el soporte de los chistes y sketchs.
Como ya va siendo habitual en este tipo de presentaciones, la función  fue mezcla de varias obras, no siempre relacionadas con coherencia y que, en ocasiones, recuerdan el formato y tono de la descarga de cabaret, lo cual genera situaciones anacrónicas ante la infinidad de recursos escénicos y técnicos que brinda la sala de teatro.
Tanto Quiñones como la agrupación exhiben un sólido historial en el ámbito de esa manifestación en Cuba, avalado no solo por premios en festivales o el reconocimiento del público que asiste a sus espectáculos, sino también por la proyección hacia un humor más cercano a las artes escénicas que al espectáculo propio de centros nocturnos.
El corrimiento hacia tendencias negativas en las propuestas de humoristas reconocidos como estos, lanza una señal de alerta sobre el quehacer actual en la manifestación, después que, mediante festivales como el Aquelarre, lograra reivindicar su estatus como otro género del teatro.
Hay excelentes ejemplos de las posibilidades del humor para abordar la realidad cubana, pero la mayoría de las propuestas que se presentan en espacios públicos quedan en la superficie y optan por fórmulas preconcebidas y estereotipadas, entre ellas, las carencias económicas, la rivalidad entre el campo y la ciudad, el homosexualismo e incluso, el racismo.
La televisión, que durante años padeció la ausencia de proyectos funcionales, incorporó programas como Vivir del cuento, El selecto club de la neurona intranquila y Deja que yo te cuente, en los cuales se muestra la infinidad temática para el humor cubano actual.
Cuando se habla de las causas del fenómeno, voces autorizadas como Alejandro García (Virulo), Ulises Toirac y Osvaldo Doimeadiós, se refieren a los imperativos que ponen directivos de centros nocturnos, y aluden a la supuesta preferencia popular.
Esta opinión, asumida como verdad, no se sustenta en ningún estudio de recepción y a la postre desvirtúa al humor como arte, al tomar referentes y motivaciones comerciales por encima de los estéticos.
Desde las cuartetas anónimas contra los quintos del ejército colonial español, pasando por las caricaturas de Abela, hasta el costumbrismo picantoso de Alegrías de sobremesa, el humor ha recogido el estado de opinión del cubano de a pie, que se ríe y reflexiona ante cualquier chispazo y lo incorpora a su cotidianidad.
¿Habrá que conformarse con la visión simplista de la realidad?

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