Mi postal por el día de las madres

4 mayo, 2011


Me dijo una vez mi profesora de Economía Política que en el principio, cuando el hombre era lo suficientemente inteligente como para vivir sin guerras y sin computadoras, el núcleo de las familias eran las mujeres.

Había tal relajo matrimonial por entonces que a uno no lo quedaba más remedio que determinar a sus primos y hermanos mediante la madre, porque padre “podía ser cualquiera”.

Años después La Iglesia, La Ley, La Sociedad y el SIDA darían por extinta semejante práctica, aún cuando los griegos, los romanos y ciertos adolescentes contemporáneos, trataron de mantener viva la tradición.

Me imagino que en aquel entonces, cuando a alguien le mentaran la madre no se pusiera tan bravo, porque no había a quién más echarle la culpa de ciertas actitudes no del todo inteligentes.

Después el Hombre descubrió el fuego, el lenguaje y la posibilidad de convertirse en Jefe y desde entonces comenzó un período de evolución que fue desde poner fin a un período de paz y armonía, conocido como matriarcado.

Las madres se vieron en la obligación de limitar su feudo al hogar, donde fungen como dueñas y señoras de temas tan “complejos” como la cena, las compras y las manchas en la ropa blanca.

Los hombres hemos desarrollado esa extraña virtud de recordarles a nuestras madres, abuelas, esposas, hermanas, tías y compañeras, que ellas son ante todo: las encargadas de perpetuar la especie, independientemente de lo que puedan opinar o preferir al respecto.

Fue precisamente mi madre la que me despojó del cursilerismo que nos invade por estos fechas y no porque me sermoneara sobre el tema. Ella, que tuvo que aguantar mis pútridas esencias de bebé, mis enfermedades raras e inesperadas, la formación de mi personalidad a fuerza de ataques de ansiedad, llantos y malacrianzas, la manutención de un cuerpo cada vez más hambriento… me agradece, más que una postal o un regalo, que respete su tiempo de soledad, que aprecie la importancia de su trabajo, que no la ayude con las tareas del hogar, sino que las comparta con ella; que no le pregunte por sus achaques cada vez que la llame por teléfono, que la acompañe a una fiesta y no a un hospital, que le regale una flor y no un delantal, que no la convierta antes de tiempo en abuela.

Este Día de las Madres (no nos queda más remedio que celebrarlo) cuando en casa se reúnan todas las matronas de la familia, no deje que hablen de usted, como lo mejor que han hecho en sus vidas. No vaya a las tiendas a comprar regalos subidos de precio por llevar un cartelito que dice REBAJAS. Sencillamente regálese usted a ellas.

KRÓNICAS RELACIONADAS

Mujer

Anuncios

2 Responses to “Mi postal por el día de las madres”

  1. alejo3399 Says:

    asere vaya que manera de coincidir yo contigo en este punto q, vaya, me hinco y te canto y celebro a ti mismo, y claro a tu madre, que bien se lo merece

  2. alejo3399 Says:

    asere vaya qué manera de coincidir yo contigo en este punto, que no es tan punto. felicita a tu mamá que se lo merece, en serio, y es verdad, ella ya tiene el mejor regalo, pero aún así deja la tacañá encubierta esa y cómparale algo cabrón…. un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s