Sobre lo que piensa un ratón de campo que fue a La Habana después de verla por TV

24 enero, 2011


Y es la gloria para ti

Chua chua papapapapapapa

Habana

Los zafiros

Cuando llegué a La Habana había frío y mucha gente. Los carros y las personas iban muy deprisa, me pareció que el apuro era estúpido porque se iban a morir de todas formas. Mi abuelo llegó a La Habana también una fría mañana del año 1920 y tanto y me imagino que aunque aquellas personas a lo mejor también iban apuradas ya se murieron hace mucho.

Todo el mundo, después de unos meses ya quiere ser habanero y le escribe más a la ciudad que a la familia que dejó en el Campo. A mi no me quedó más remedio, porque mi familia me pidió que les escribiera  de La Habana.

Aquí vi edificios demasiado altos como vivir en ellos. Amigos distantes nunca olvidados, cafés que exigen que vistas y ponga cara de estúpido para poder pasar, colas por cosas sin importancia, conversaciones interminables, orientales, luces encendidas innecesariamente, baches, fachadas sin pintar, cestos de basura sin fondo, carteles con faltas de ortografía, mujeres feas y salideros de agua.

Cuando regresé a mi “rústico hogar, a la sombra de un palmar que guarda el fértil Cornito” encendí la TV y me di cuenta que realmente yo no había ido a La Habana.

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