Aló…aló…aló

21 mayo, 2010


Dicen que la primera llamada telefónica de la historia de la Humanidad fue también la más breve. Un grito de Antonio Meucci desde una habitación hizo que su ayudante corriera a socorrerlo. Ahí mismo al Ingeniero italiano le quedó demostrada la importancia del nuevo invento, delcual no podría disfrutar prebendas pues Graham Bell y la Telephone Company se encargaron de aguarle la fiesta.

Yo podría recordar ahora toda esta historia, e incluso la evolución misma del teléfono desde aquella ridícula caja de sonido encajonado hasta los modernos y caros que cuelgan del bolsillo de muchos de nuestros coterráneos.

Y digo que podría recordar toda esta historia porque Marita me va a dar tiempo. Estoy en una demorada cola por el único de los teléfonos públicos que ha sobrevivido en estos lares  al ataque de oídos demasiado rudos y torpes, portadores de un ácido capaz de disolver auriculares.

Llevo dos horas esperando. Marita ha llamado al Instituto de Meteorología para conocer el estado del tiempo. Ya reportó sus amoríos y tribulaciones santiagueras con la familia y las amistades fieles. Sí, porque Marita escribe un diario en formato telefónico.

Ha escuchado el hit parade, terminó dos seminarios, participó en una reunión del Club de Fans de Gardys y ahora, después de depositar cinco pesos en monedas de cinco centavos va a llamar a su novio.

El novio de Marita estudia ingeniería en telecomunicaciones y espera conseguir una buena plaza en ETECSA. Pero lo que más le atrae a Marita de él es que es mudo y ella puede extenderse en un monólogo interminable que va desde la recapitulación del último mes de Mujeres Apasionadas hasta el análisis semiótico-experimental del Ulises de James Joyce. Marita ahora lo va a llamar para explicarle lo que quiso decir en el último correo electrónico que le envió hace menos de una hora.

“Siga detrás de ella”- le digo a la que marcó detrás de mí. Marcho en busca de una paloma mensajera o algún basurero desde donde hacer señales de humo.

Marita queda aferrada al teléfono, molesta porque el número al que marcó da ocupado. Alcanzo a oírla decir “Mira que la gente se prende del teléfono a hablar cada boberías”.

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